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viernes, 3 de septiembre de 2010

PARA NO OLVIDAR!!!



Por estos dias la derecha afila las garras. Los que vivimos los setenta no quisiéramos más violencia. Nos queda la mística, los sueños de un país libre, el romanticismo de pensar en una patria liberada de colmillos vampirescos, propios y ajenos.. Aún creemos que se puede en paz, con justicia, con el gobierno plantándose ante los Magnetto, la ezquizoide Lilita, los asesinos que encubrieron y entregaron a los hijos de madres detenidas y fusiladas sin piedad apenas paridas. Queremos millones de firmas para obligar al Congreso a tratar la Ley de Entidades Financieras, proyecto de Carlos Heller. Queremos un gobierno que se ocupe del sector ambiental y que no permita que se venda un centímetro más de tierra a ningún gringo. No quisiéramos, al menos yo, no quiero años de sangre y fuego. Pero si quiero desprenderme de tanta lacra oligarca, enfermitos de poder, enfermitos de soja, enfermitos de liberar impuestos para sus arcas, enfermitos de tantos males que huelen igual que el volcán semi apagado Stromboli en Sicilia: a azufre. Porque asi están, todos creemos que están inactivos y un día te vomitan lava y te hacen mierda los sueños. Y por favor, basta de pelotudeces y divisiones "..los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera, porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afura..." (Te banco Fierrito) Marta MoralesPD: eso si, que no entren traidores, coimeros, arribistas, mal paridos, explotadores, destructores de proyectos para la libertad de expresión y sobre todo para la expresión de los marginales, en fin, yo no quiero hijos de puta cerca.


Buscando recordar el 22 de agosto de 1972 encontré estas líneas en un viejo periódico de Bolívar. Qué loco, no? Bolívar, los pagos de Tinelli... sin palabras.La nota está buena y vale la pena leerla.


El día que la "patria" parió el Terrorismo de Estado"


Alejandro Ulla, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Alberto del Rey, Clarisa Lea Place, Eduardo Capello, Humberto Suárez, Humberto Toschi, José Ricardo Mena, Mario Emilio Delfino, Miguel Ángel Polti, Pedro Bonet, María Angélica Sabelli, Mariano Pujadas, Susana Lesgart, Carlos Astudillo y Alfredo Khon no son nombres cualquiera. No son un grupo más de personas. Son las primeras víctimas del terrorismo de Estado, las víctimas inaugurales de una modalidad que luego se replicaría hasta el hartazgo, cada vez más cruenta, cada vez más siniestra.Los dieciséis eran integrantes de las distintas organizaciones civiles armadas -de izquierda y peronistas- que operaban en territorio argentino en 1972: el ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo; las FAR, Fuerzas Armadas Revolucionarias, y Montoneros. Junto a otros tres compañeros más fueron los infaustos protagonistas de la conocida 'Masacre de Trelew', perpetrada el 22 de agosto de aquel año en la base aeronaval Almirante Zar, una dependencia de la Armada Argentina próxima a la ciudad de Trelew, provincia del Chubut.Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar fueron los únicos sobrevivientes de los fusilamientos de aquella madrugada. Su militancia en las FAR (los dos primeros) y Montoneros (el último) signaría su destino años después: Camps desapareció en 1977, Berger en 1979 y Haidar en 1982.La tarde del 15 de agosto se había iniciado un masivo intento de fuga de la cárcel de Rawson, ciudad capital de Chubut. 110 reclusos, miembros de las organizaciones armadas (ERP, FAR y Montoneros), pensaban escaparse y refugiarse en Chile. Pero sólo seis de ellos lograron el propósito.Mario Roberto Santucho, líder del Partido Revolucionario de los Trabajadores, uno de los planificadores y jefes del 'operativo'; Marcos Osatinsky, de las FAR, el otro ideólogo; Fernando Vaca Narvaja, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna, integrantes del denominado 'comité de fuga', fueron los únicos que pudieron huir. Fueron trasladados hacia el aeropuerto de Trelew en un automóvil Ford Falcon que los esperaba, donde abordaron una aeronave comercial BAC 1-11 de la empresa Austral, previamente secuestrada por un comando guerrillero de apoyo, cuyos integrantes viajaban como pasajeros.Los demás vehículos de transporte que debían esperar al resto de los fugados no se hicieron presentes en la puerta de la cárcel debido a una confusa interpretación de las señales preestablecidas. Un segundo grupo de diecinueve evadidos (los nombrados anteriormente) logró igualmente arribar por sus propios medios en tres taxis al aeropuerto, pero llegaron tarde, cuando ya la aeronave despegaba rumbo al país trasandino, gobernado entonces por el socialista Salvador Allende.Frustrado el plan, estos diecinueve guerrilleros -tras ofrecer una conferencia de prensa donde hicieron pública la situación- depusieron sus armas sin oponer resistencia ante los efectivos militares de la Armada que mantenían rodeada la zona. Al hacerlo solicitaron y recibieron -la promesa de- públicas garantías para sus vidas, lo hicieron en presencia de periodistas y autoridades judiciales.Una patrulla militar bajo las órdenes del capitán de corbeta Luis Emilio Sosa, segundo jefe de la base aeronaval Almirante Zar, condujo a los prisioneros recapturados dentro de una unidad de transporte colectivo hacia dicha dependencia militar. El pedido había sido que los trasladaran de regreso a la cárcel de Rawson, pero el capitán Sosa adujo que el nuevo sitio de reclusión era transitorio ya que dentro del penal continuaba el motín y no estaban dadas las condiciones de seguridad.El contingente de diecinueve prisioneros fue acompañado, como garantes, por el juez Alejandro Godoy, el director del diario Jornada, el subdirector del diario El Chubut, el director de LU17 y el abogado Mario Abel Amaya, los cuáles no pudieron ingresar con ellos, arribados al lugar de detención.Desde el 16 hasta la madrugada del 22 de agosto, los prisioneros fueron sometidos a diferentes malos tratos con el objetivo de hacerlos confesar (cuerpo a tierra, sostener el cuerpo con los dedos apoyados sobre la pared, órdenes militares de echarse a tierra y levantarse, todo esto sin ropas, entre otros). Pasadas las tres de la mañana de ese último día, los despertaron sorpresivamente y los sacaron de sus celdas. Los formaron y obligaron a mirar el piso, práctica ésta que nunca habían implementado en los días anteriores. Mientras así estaban, fueron ametrallados por una patrulla a cargo del capitán de corbeta Luis Emilio Sosa y del teniente Roberto Bravo. La mayoría, de acuerdo a testimonios de los tres sobrevivientes, murieron en el acto; otros fueron rematados en el piso.Esa misma noche, en un clima de absoluta hermeticidad y gran tensión, se habían reunido en la Casa de Gobierno los miembros de la Junta de Comandantes en Jefe de las tres fuerzas armadas, colaboradores y ministros. Y no se había brindado ninguna información al respecto a los periodistas que aguardaban noticias. Esto hizo suponer después que los fusilamientos habían devenido tras una orden del gobierno militar de la autoproclamada Revolución Argentina, y no que las muertes de los guerrilleros habían sido consecuencia de un enfrentamiento luego de un nuevo intento de fuga, tal la versión oficial que se dio de los hechos.En líneas generales, la explicación del gobierno mencionaba que al realizar el jefe de turno (capitán Luis Sosa) una recorrida de control en el alojamiento de los presos, mientras éstos se encontraban en un pasillo, fue atacado por la espalda por Mariano Pujadas, quien habría logrado sustraerle su pistola ametralladora. Escudándose en el oficial los presos intentaron evadirse, pero el marino logró liberarse y fue atacado a tiros, resultando herido. En tal circunstancia -y siempre según los dichos oficiales- la guardia contestó el fuego contra los reclusos y se inició el tiroteo con los resultados conocidos: de los diecinueve reclusos, dieciséis fallecieron y tres resultaron heridos de gravedad.Oh casualidad, la misma noche del 22 el gobierno sancionó la ley 19.797 que prohibía toda difusión de informaciones sobre organizaciones guerrilleras. Ya habían evadido las respuestas a los requerimientos periodísticos cuando de los interrogó luego de conocido el episodio. Por supuesto que esta versión 'no fue comprada' por toda la sociedad argentina y en los días sucesivos hubo manifestaciones en las principales ciudades del país. También se colocaron numerosas bombas en dependencias oficiales como protesta por la matanza.

martes, 3 de agosto de 2010

Homenaje de Marta Morales en el 10º aniversario del suicidio del Dr René Favaloro


Era la época de la pizza con champagna.
Putas, jugadores empedernidos,
coimeros, mediáticos, empresarios corruptos.
Ninguno valía nada, ni su peso en aire,
pero desfilaban por Olivos.

René Favaloro hacía pasillo.
Su Fundación necesitaba ayuda

Los gastos eran inmensos. El pais se remataba a pasos agigantados.
Menem se creía un enviado de Alá.
Ya no teníamos petróleo, carbón, acero.
Los sueños del General Savio
quedaron hechos trizas en manos privadas.
San Nicolás se llenó de pequeños emprendimientos
que naufragaban irremediablemente.
No había plata en San Nicolás..
Se inventaron una virgen para sobrevivir.

René Favaloro hacía pasillo
Seguía operando, muchas veces gratis

María julia posó desnuda debajo de su zorro
muerto para su lujuria.
María Julia prometió limpiar el riachuelo en cien días.
Menem le dio plata. Mucha plata.
Las lentejuelas de la “Yuyito González” al turco
se le pegaban en la cara y las patillas todas las noches.
Menem le daba plata, mucha plata.
maría Julia nunca limpió nada.
más zorros fueron ultimados.
La Yuyito hoy es una piltrafa.

Reneé Favaloro hacía pasillo.
Quería que el PAMI le abonara la deuda que tenía con su Fundación

Nos quedamos sin servicios de nada.
Españoles telefónicos, luz de multinacionales,
aguas de la oligarquía,
rutas ya no mas argentinas ni de Spinetta.
El PÀMI era una fiesta de petisos y dirigentes feas e ignorantes.
Dientudas como una piraña.

Reneé Favaloro hacía pasillo.
Tocaba fondo su fundación.

Menem tenía un inodoro- trono revestido en oro en el Tango1
Toni, su peluquero, entretejía pelos en su calvicie.
Teníamos relaciones carnales con el poder yanqui.
Menem apoyaba descabellados proyectos bélicos.
Traficaba armas y algo más.

Reneé Favaloro hacía pasillo.
Ya no pensaba, Estaba deprimido

Menem se fue. Subió el más inútil. Autista.
Fernando de la Rúa
El que dijo ser “el médico del pueblo” y “se acabó la fiesta"
”
René Favaloro hacía pasillo.
Creía que Fernando era un amigo.

De la Rúa hijo se cogía a Shakira
Y el carnaval seguía. Las arcas se vaciaban.
La gente empezaba a inquietarse
Los fogoneros encendieron las noches.
Rubén Patagonia le cantó a Cutral Co
El kaos seguía.

René Favaloro hacía pasillo.
Un día se cansó y escribió una carta a De la Rúa
Siguió creyendo que era un amigo
Nada, nunca una respuesta
Reneé Favaloro se cansó de esperar.
Tantos años y ninguna respuesta.
El 29 de julio del 2000 se disparó un tiro con su escopeta.
Allí, en su corazón.






BIOGRAFÍA DE UN GRANDE
DR RENE FAVALORO
1923-2000

Nació y se crió en el barrio “El Mondongo” en La Plata , Argentina. Tuvo una infancia muy humilde. René Favaloro siempre estuvo comprometido con el conocimiento, gracias en parte a su abuela materna, que le transmitió su amor por la naturaleza y la emoción al ver cuándo las semillas comenzaban a dar sus frutos. A ella le dedicaría su tesis del doctorado: "A mi abuela Cesárea, que me enseñó a ver belleza hasta en una pobre rama seca". Al finalizar la escuela secundaria ingresó en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata. En el tercer año comenzó las concurrencias al Hospital Policlínico y con ellas se acrecentó su vocación al tomar contacto por primera vez con los pacientes. Nunca se limitaba a cumplir con lo requerido por el programa, ya que, por las tardes, volvía para ver la evolución de los pacientes y conversar con ellos, la mayoría de condición humilde. Como no quería desaprovechar la experiencia, con frecuencia permanecía en actividad durante 48 o 72 horas seguidas.

Médico Rural Por ese entonces llegó una carta de un tío de Jacinto Aráuz, un pequeño pueblo de 3.500 habitantes en una zona muy rica de La Pampa. Explicaba que el único médico que atendía la población, el doctor Dardo Rachou Vega, estaba enfermo y necesitaba viajar a Buenos Aires para su tratamiento. Le pedía a su sobrino René que lo reemplazara aunque más no fuera por dos o tres meses. Favaloro se encontró ante una decisión difícil. aceptó la oferta. Favaloro y su pasión por la cirugía toráxica Favaloro leía con interés las últimas publicaciones médicas y cada tanto volvía a La Plata para actualizar sus conocimientos. Quedaba impactado con las primeras intervenciones cardiovasculares. Poco a poco fue renaciendo en él el entusiasmo por la cirugía torácica, a la vez que iba dándole forma a la idea de terminar con su práctica de médico rural y viajar a los Estados Unidos para hacer una especialización. Quería participar de la revolución y no ser un mero observador. En uno de sus viajes a La Plata le manifestó ese deseo al Profesor Mainetti, quien le aconsejó que el lugar indicado era la Cleveland Clinic. Si bien al principio tuvo dudas con respecto a dejar su profesión de médico rural pensó que al regresar de Estados Unidos su contribución a la comunidad podría ser aun mayor. Con pocos recursos y un inglés incipiente, se decidió a viajar a Cleveland. Trabajó primero como residente y luego como miembro del equipo de cirugía, en colaboración con los doctores Donald B. Effler, jefe de cirugía cardiovascular, F. Mason Sones, Jr., a cargo del Laboratorio de Cineangiografía y William L. Proudfit, jefe del Departamento de Cardiología. Al principio la mayor parte de su trabajo se relacionaba con la enfermedad valvular y congénita. Pero posteriormente se interesó en otras áreas. Todos los días, apenas terminaba su labor en la sala de cirugía, Favaloro pasaba horas y horas revisando cinecoronarioangiografías y estudiando la anatomía de las arterias coronarias y su relación con el músculo cardíaco. El laboratorio de Sones, padre de la arteriografía coronaria, tenía la colección más importante de cineangiografías de los Estados Unidos. La creación de la Fundación Favaloro En 1971 Favaloro regresó a la Argentina con el sueño de desarrollar un centro de excelencia similar al de la Cleveland Clinic , que combinara la atención médica, la investigación y la educación. Con ese objetivo creó la Fundación Favaloro en 1975 junto con otros colaboradores. Uno de sus mayores orgullos fue el de haber formado más de cuatrocientos cincuenta residentes provenientes de todos los puntos de la Argentina y de América latina (Alumni). Contribuyó a elevar el nivel de la especialidad en beneficio de los pacientes mediante innumerables cursos, seminarios y congresos organizados por la Fundación , entre los que se destaca Cardiología para el Consultante, que tiene lugar cada dos años. En 1980 Favaloro creó el Laboratorio de Investigación Básica -al que financió con dinero propio durante un largo período- que, en ese entonces, dependía del Departamento de Investigación y Docencia de la Fundación Favaloro. Con posterioridad, pasó a ser el Instituto de Investigación en Ciencias Básicas del Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas, que, a su vez, dio lugar, en agosto de 1998, a la creación de la Universidad Favaloro. Participación en la CONADEP Fue uno de los integrantes de la CONADEP , que investigó los crímenes cometidos por la última dictadura. Finalmente renunció a participar por una diferencia de criterios. Él consideraba que los crímenes ya habían comenzado antes de la dictadura militar, tanto por elementos subversivos cuanto por personas vinculadas al Estado, y que todos ellos también debían ser juzgado

El suicidio de Favaloro

No hubo uno, sino múltiples motivos de su decisión. Tenía 77 años. Había quedado viudo en 1998. Estaba deprimido por las deudas de su Fundación, donde había empezado a funcionar un comité de crisis. Acababa de ver la lista de personas que iban a ser despedidas. Se le había muerto un paciente el día anterior.
*Mientras empuñaba ese revólver, una carta al presidente De la Rúa dormía en un cajón de la Casa Rosada. Nunca fue publicada en un diario. Decía:Estimado Fernando:"Te escribo estas líneas porque nuestra Fundación está al borde de la quiebra . Tenemos emergencias ineludibles que deben solucionarse en los próximos días. Necesitamos alrededor de seis millones de pesos.No tengo conexiones con el empresariado argentino. a veces choco con algunos 'peces gordos' como Amalita o Goyo Perez Companc. Por eso, uno de los pedidos que te hice en nuestra última charla era que utilizaras tu influencia para conseguir la ayuda que tanto necesitamos.En fin, te ruego que influyas para conseguir una donación urgente, creo que es el camino más corto. Perdoname por el pedido. Te escribo desde la desesperación. Nunca en mi vida estuve tan deprimido. Con el afecto de siempre, René Favaloro".*Despues de siete años, De la Rúa acepta que no leyó la carta a tiempo, pero rechaza las imputaciones sobre falta de apoyo oficial: "De ningún modo hubo abandono a Favaloro. Al contrario, estábamos encima. Teníamos una relación de mucho afecto y amistad. Fue mi asesor en la Nación y en la Ciudad ".. Obras escritas de Favaloro * René Favaloro publicó más de trescientos trabajos de su especialidad. * Debido a su pasión por la historia llegó a escribir dos libros de investigación y divulgación sobre el General San Martín. * Surgical Treatment of Coronary Arteriosclerosis. Fue publicado en Baltimore, EE.UU. por la editorial Williams & Wilkins en 1970. La versión en español fue titulada Tratamiento Quirúrgico de la Arteriosclerosis Coronaria y fue publicado por la editorial Intermédica en 1973 y la traducción fue realizada por Roberto Carlos Vedoya. * Recuerdos de un médico rural. Fue publicado en Buenos Aires, por Torres Agüero Editor en 1980. La ilustración de la tapa es de Hermenegildo Sabat. * ¿Conoce usted a San Martín? Publicado en 1986 en Buenos Aires por Torres Agüero Editor. * La Memoria de Guayaquil. Fue publicado en Buenos Aires, por Torres Agüero Editor en 1991. * De La Pampa a los Estados Unidos. Fue publicado por primera vez en 1992 y la octava edición salió en 1996 a través de la Editorial Sudamericana. La versión en inglés fue titulada The Challenging Dream of Heart Surgery fue publicado en Boston, EE.UU. por Little, Brown and Company en 1994 y la traducción al inglés fue realizada por Peter Willshaw. * Don Pedro y la Educación es un libro publicado en Buenos Aires, por el Centro Editor de la Fundación Favaloro en 1994.

FUENTES DE MARTA MORALES: FUNDACION FAVALORO

LA MAGA

Una madrugada de enero, los Trasnochadores del banco fueron protagonistas de un hecho que hubiera desvelado al habitante más osado que haya circulado por el barrio del Congreso en el mismísimo kilómetro cero de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Pero para entender lo sucedido, previamente hay que saber dos cosas: que en otras épocas, frente a ese banco en la Plaza de los Dos Congresos donde esperaban la madrugada los Trasnochadores, se encontraba la entonces Caja Nacional de Ahorro Postal con su Biblioteca, reducto del poeta Edgar Bayley, designado director del lugar ; y que los Trasnochadores del Banco no eran como otros seres nocturnos que esperaban el amanecer para volver a sus habitáculos sanos y salvos. No, no, estos trasnochadores aguardaban el amanecer celebrando el arte. Bebían en homenaje a la poesía, la música, el teatro, la danza, las artes plásticas, el canto, el cine y la palabra. Sobre todo, la palabra.
-- Mirá, Marta, allí está la ventana donde trabajaba Edgar Bayley. ¿Era tu suegro, no?
-- Osvaldo, por favor, no convoques, no juegues con el torturado espíritu de ese poeta-, pidió Marta.
Pero él hizo caso omiso de la súplica, levantó su botella de cerveza y, mirando a la ventana, comenzó a recitar La Avalancha , uno de los más bellos poemas del poeta:

que corran allá abajo las aguas turbulentas
quiero arraigar aquí en esta tierra
y tañer mi campana
buscando el celeste el bermellón
la escalera de mano que lleva hasta el altillo
la lluvia próxima
la habitación vacía
y el arroyo de donde llega el rumor de la avalancha

que corra allá abajo la claridad de las plantas
y se agite la cortina en la última pared
y sobre los techos aniden el colibrí y el tordo
éste es el mundo
a esta hora en que cae la noche
y crece la avalancha y el fragor de la luna
cuando lámparas y azaleas se encuentran y se huyen
se cierran las ventanas
y llaman a los niños dispersos por el parque
ésta es la hora
para el bermellón y el celeste
para el tordo y el colibrí

--Edgar, ¡cómo te cagaste en los puntos y comas, como Joyce! –exclamó Osvaldo para poner punto final al poema. Trató de mojarse los labios, y lanzó un gesto agrio al comprobar que la botella ya estaba vacía.
--Loca, ¿tenés un pesito? Se acabó la cerveza y quiero celebrar a tu suegro.
--Dejate de joder, parecés Tanguito… ¡Tomá y aguante la poesía!
Cuando Osvaldo regresó con tres botellas a cuestas, Marta sintió ese impulso por contar vínculos: --¿Sabían –dijo por fin- que Bayley fue el segundo marido de Matilde, mi suegra, concertista de piano y compositora de música dodecafónica? Ella estaba casada con un plástico de la época, Raúl Lozza, que derrumbó la pintura figurativa y creó las bases del arte concreto. Ese trío fue de nuestro palo. En los cuarenta –se entusiasmaba contando Marta- dieron vuelta al arte con sus vanguardias. Y en medio. hasta hubo una loca historia de amor. Matilde se enamoró perdidamente de Edgar y escaparon juntos…
--Pues entonces, Marta, vamos a dar vuelta la noche en honor a los artistas y las locuras de la trasgresión. ¡Salud! Brindo por los del cuarenta y el Arte Concreto.
Empinaron sendas botellas mientras la brisa filtraba por los corceles del monumento de la plaza. Hablaron de amores benditos y malditos, no sin antes atravesar los espacios de las divinidades paganas y de las noches trasfiguradas de Arnold Schönberg donde los conjuros a veces cristalizan. Bayley, que había muerto en cruel batalla con la cirrosis, escuchó su poema y con el brindis abandonó la prisión de metáforas, adjetivos y consonantes, se descolgó por la ventana, cruzó la calle Hipólito Irigoyen y se acercó al grupo. Le agradaron los desparpajos, las melenas, el banco de piedra tan frío y el olor de la cerveza. Para que ninguno se atreviera a sospechar que llegaba para apropiarse de la tercer cerveza, mostró una infaltable botella de whisky, el brebaje que había elegido para que lo acompañara en los instantes de creación. Se presentó y les propuso un brindis:--¡Por la poesía y mi cirrósis!-, susurró ronco y carraspeando. Lucía aun el bigote ancho, insolente, la barba recortada y teñida con el azulnegro de la noche.
Los Trasnochadores lo escucharon –y no lo dudan- cuando, envuelto en los delirios de la trasportación, dijo: --La que acá falta es la Maga , no se preocupen, pronto la verán.
Y asi como llegó, Edgar Bayley se fue remontando paredes. Si hasta les había golpeado su aliento agrio y picante.
--¿Que habrá querido decir?
--Es humor de fantasmas-, explicó Marta. Osvaldo empinó la botella.
Los trasnochadores advierten cada vez que cuentan la presencia de Edgar Bayley que, los que no quieran creer, que no crean. Pero lo cierto –aseguran- es que, efectivamente, esa noche de enero la Maga apareció por la vereda de la avenida Entre Ríos, posiblemente haya salido de la Biblioteca de la Caja o de la otra que está a dos cuadras, iba con el paso típico de toda maga que se precie de serlo, con pasitos gráciles pero firmes, mirando todo y a la vez sin ver a nadie, con figura frágil de cuarenta y nueve kilos y la incalculable edad de maga, ataviada con un hermosísimo vestido mexicano de mil volados y bordaduras que, seguramente, alguna descendiente del mejor artista de los aztecas, bordó exclusivamente para ella.
La conocían, era una figura tan familiar, tan de todos y a la vez de ninguno, porque la Maga era de la cultura universal, como la Beatrice del Dante. la Julieta de Skakespeare o la voz de Janis Joplin.
En una epoca, hace por lo menos cuarenta años, todas las mujeres querían ser La Maga. Todas querían poseer esa figura menuda, caminar por París y abrirse de piernas al amor y sentir en un beso la boca impregnada de pelos y babas, con ese sabor único que da el placer infinito del sexo, virtudes que Julio Cortázar le había concedido a los amores de la Maga.
Corrieron los Trasnochadores, se abalanzaron sobre ella, la invitaron a compartir la madrugada. Ella aceptó. Osvaldo le ofreció un buche de cerveza que ella rechazó elegantemente, porque, obvio, las magas solo beben pócimas mezcladas con la mejor champagna francesa.
Todos querían saber todo de la Maga , dónde, cómo, por qué, bajo que circunstancias ella conoció al tal Cortázar y bajo qué circunstancias fue que el escritor se inspiró en ella para crearla.
Un toquecito sintió Marta en su hombre, giró la cabeza y allí estaba el poeta escuchando. Luego tomó notas en un cuaderno. ¿Será que los poetas escriben sin necesitar la luz? En esa oportunidad de convocatoria, Bayley –que sabía quién era Marta- le explicó con un silencio que necesitaba
anonimato. Solo escuchar, apuntar en el cuaderno, que en ese instante no pretendía egolatría, ni siquiera la compañía de la cirrosis. La noche era única y bien podían esperar las elucubraciones acerca de qué esperar de poetas con ego.
La Maga, efectivamente, hizo revelaciones. Dijo que fue fruto de amores de conjuros en una noche de cábalas, que había nacido maga y con ese vestido impecable de mil volados, con sus prolijos zapatos blancos de tacones altísimos que –según confesó- a veces cambiaba por otros más bajitos, porque a las magas también les duelen los pies, sobre todo a ella que camina toda la noche. Contó, además, que solo se le permitía llevar una mochila donde portaba objetos terrenales que iba juntando de su convivencia con los humanos. Por ejemplo, contó que amaba los camisones y llevaba unos cuantos en su mochila, dijo también que le gustaba hacer regalos, y curiosamente, comer asado.
La Maga percibió la ansiedad del grupo y comenzó a narrar lo que todos querían escuchar, su encuentro con Cortázar. Fue –confesó- en una noche de neblinas parisinas que se cruzó con el escritor atravesando ambos el Jardín de las Tullerías. Cortázar le había preguntado en un perfecto francés “¿de qué país eres?”, ella le respondió también con su exquisito acento parisino (las magas dominan todos lo idiomas), que solo era una maga y que, por lo tanto, pertenecía a todos los lugares del mundo. Después, y sin mas, con una gentil inclinación de cabeza atravesó el Jardín de las Tullerías y desapareció por la niebla. Bayley escribía fervorosamente, no como periodista sino como escriben los poetas, casi en el aire.
Años después, en una escapada clandestina que hizo Cortázar a su amada Buenos Aires (ciudad que encontró devastada y sangrante), una fría noche de agosto la volvió a encontrar. La Maga estaba vestida igual, pero su mochila parecía más pesada, cargarla sobre los hombros le daba un aire más ausente todavía. Se saludaron. Tomaron un café (las magas aman el café) y ella le contó que en los años en que no se habían visto, su corazón de maga se había hecho añicos porque se enamoró y contrajo matrimonio por cuarenta días con un humano que solo jugó con sus sentimientos, contó que a raíz de tanto dolor perdió la sonrisa para siempre y que en cambio adquirió una afinadísima voz que le permite cantar cuando la convocan a reuniones donde prevalecen las charlas sobre arte, un don que le fue dado para paliar tanto desengaño.
Cortázar se emocionó con la historia, miró unos instantes al vacío, sonrió satisfecho con sus pensamientos, y luego tomando la pequeña mano de la maga, le susurro “prometo que nunca más vas a sufrir, te voy a convertir en un personaje tan famoso que todas las mujeres, en todas las épocas, van a querer ser la Maga ”. Se despidieron y jamás volvieron a verse.
Una madrugada, en los comienzos de los sesenta, precisamente en 1963, la Maga , deambulando por la calle Corrientes, escuchó en los bares, las confiterías y sobre todo en las mesas del café La Paz y en las salidas de los cines y teatros, que todas las mujeres hablaban con envidia del nuevo personaje de la novela recién editada por Julio Cortázar, Rayuela, cuyo personaje era la Maga.
Entró a una librería y metió un libro en su mochila. No lo compró porque las magas no manejan dinero y cuando necesitan algo se vuelven transparentes y lo toman. (No invisibles que para ellas es muy vulgar).
Allí se descubrió única. Era La Maga. Sonrío de nuevo. Desde ese día Rayuela está entre sus amadas pertenencias. La Maga recuperó su sonrisa y además conservó el otro don: jamás dejaría de cantar. Hoy se la puede encontrar en cuanto espacio cultural esté a su alcance, con su afinadísimo trino de zorzal, por supuesto, siempre y cuando sea una noche especial, donde confluyan Bayley y sus poemas, y los que celebran el arte con buches de cerveza en el banco de una plaza.
En aquella noche, el tiempo se colgó por instantes y luego volvió a la normalidad. La Maga había desaparecido, también Bayley con su cuaderno. Al poeta lo imaginaron trepando las paredes de la ex Caja peleándose con su yo y llamando a su amada Matilde para que le sostuviera la cirrosis que se hacía cada vez más insoportable por atrevida. De la Maga , ni un rastro, solo quedo colgando de enero su aroma de maga.
Osvaldo pidió, como pedía Tanguito, otro pesito para cerveza, y Marta cantó a Vinicius de Moraes en compás de bossa nova. Comenzaba el amanecer…
Doy fe que aquella noche existió, porque ninguno de los presentes, salvo yo, se dio cuenta que, sobre el pasto, muy cerca del banco de piedra frío, había quedado abandonada la botella de whisky vacíada por el poeta. Cuando el primer rayo de sol le dio de pleno, estalló en millones de partículas que se alejaron volando al cosmos.


MALU CALDEN